La creadora de contenido Aída Cortés ha vuelto a situarse en el centro de un intenso debate en las plataformas digitales tras compartir una serie de fotografías en las que aparece luciendo lencería acompañada de símbolos religiosos. Esta nueva publicación ha reavivado las tensiones entre sus seguidores y diversos sectores de la opinión pública, quienes han interpretado el material como una falta de respeto hacia las creencias católicas, al integrar elementos sagrados como la Biblia y la cruz en un contexto de carácter sensual.
Este episodio ocurre apenas unas semanas después de que Cortés protagonizara otro altercado mediático de gran magnitud. En aquella ocasión, la influenciadora realizó una sesión fotográfica y grabó videos en ropa interior dentro de una iglesia en Antioquia, material que posteriormente difundió en sus redes sociales. La repercusión fue tal que la Diócesis local se vio obligada a anunciar el cierre temporal del templo, argumentando que el lugar es un espacio sagrado destinado exclusivamente a la adoración y no a actividades de esta naturaleza, lo cual generó el rechazo de fieles y representantes eclesiásticos.
La reciente publicación ha provocado una oleada de comentarios negativos en su cuenta de Instagram. Los usuarios han expresado su descontento mediante mensajes que exigen respeto por las instituciones religiosas, advirtiendo sobre las consecuencias morales y espirituales de lo que consideran una "sexualización" de la fe. Críticas como "con las cosas de Dios no se juega" o llamados a la prudencia han inundado el perfil de la creadora, quien anteriormente ya había sido señalada por figuras públicas como la presentadora Violeta Bergonzi, quien cuestionó duramente su comportamiento en el recinto religioso.
A pesar del revuelo causado, se ha conocido que este contenido forma parte de una estrategia de marketing diseñada para promocionar el lanzamiento de su próximo sencillo musical. No obstante, la táctica ha resultado contraproducente para una parte de su audiencia, que insiste en distinguir entre la libertad de expresión artística y la ofensa directa a los símbolos de la religión católica. La controversia pone de relieve, una vez más, la delgada línea que existe entre la búsqueda de notoriedad en redes sociales y el respeto a las sensibilidades religiosas de la comunidad.
Hasta el momento, la creadora de contenido ha mantenido las publicaciones a pesar de la presión social. El caso de Cortés sigue siendo un ejemplo claro de cómo el contenido digital puede escalar rápidamente hasta convertirse en un tema de debate público, involucrando no solo a sus seguidores, sino también a instituciones formales. Mientras la audiencia permanece dividida entre quienes defienden su autonomía creativa y quienes exigen una disculpa pública, la polémica subraya la creciente fricción entre las estrategias de promoción personal y los valores tradicionales en el entorno digital.



